¿Y dónde obtener los factores de transferencia? El doctor
Estrada ha centrado su trabajo en la obtención de los mismos a partir de la
sangre. “Se obtienen -nos explicaría- rompiendo los glóbulos blancos o leucocitos
de la sangre y metiendo lo obtenido en una bolsa de diálisis con una malla muy
fina que sólo permite la salida de moléculas muy pequeñas -de 10 kilodaltones o
menores- por lo que no pueden pasar virus, bacterias u hongos. Pues bien, el
extracto de leucocitos obtenido contiene un factor capaz de transmitir la
respuesta inmune positiva del donante al organismo receptor. Tal es el factor
de transferencia y tiene una actividad terapéutica extraordinaria, innegable”.
Sergio Estrada reconoce que cuando comenzó a trabajar con los factores de
transferencia lo hizo de forma muy escéptica porque no se sabía qué eran aunque
fuera muy consciente de su actividad terapéutica. De ahí que fuera
utilizándolos cada vez en más enfermedades con la tranquilidad de saber que se
trata de un material inocuo. En cuanto al proceso de obtención Estrada lo fue
depurando hasta pasar de factores de transferencia genéricos obtenidos a partir
de la sangre de 1.000 pacientes sanos a factores de transferencia más
específicos que, eso sí, precisan de procesos más complejos. “Ya existen -nos
diría- moléculas bien definidas que transfieren la inmunidad específica. Son
moléculas que tienen un peso molecular de cinco mil daltones o cinco
kilodaltones (Kda). Y cada una de ellas es específica para un microorganismo o
para un antígeno diferente. Eso nos asegura el éxito de la terapia en
enfermedades infecciosas. Hay que dar a los pacientes el factor específico para
cada padecimiento si bien hay padecimientos que son prácticamente universales
como el herpes Zoster que proviene de una complicación de la varicela. Pero es
el mismo virus. Bueno, pues cuando de niños pillamos la varicela la pasamos sin
complicaciones y además nos deja una inmunidad sólida que se va reforzando cada
vez que tenemos nuevos encuentros con el virus de la varicela. De tal manera
que los jóvenes en México, que son los que donan sangre, tienen casi todos
inmunidad a la varicela. También por eso es un éxito el tratamiento con factor
de transferencia en el herpes Zoster. No hay nada que se le compare. Hoy el
tratamiento médico habitual para esta dolencia es el „aciclovir‟ pero le
aseguro que el factor de transferencia es mucho mejor. En un estudio que
hicimos a doble ciego y que se publicó en el „Journal of Inmunofarmacology‟ los
pacientes tratados con el factor de transferencia dejaban de tener dolor a los
diez días mientras los tratados con aciclovir padecían aún fuertes dolores a
los 22. Lo que demuestra, de forma estrictamente estadística, que es mucho
mejor el factor de transferencia en este padecimiento”.
LOS FACTORES DE
TRANSFERENCIA EN EL TRATAMIENTO DEL CÁNCER.
Los éxitos obtenidos por Sergio
Estrada llevarían a un amigo suyo, el doctor Abelardo Monges Nicolau
-especialista en Oncología del Hospital Mocel-, a probar los factores de
transferencia en pacientes de cáncer. Algo que viene haciendo desde hace ya
diez años. “La verdad es que estoy impresionado con los resultados -nos
confesó-. Básicamente los utilizo como método coadyuvante de la quimioterapia y
debo decir que la expectativa de vida -en todo tipo de cánceres y metástasis-
es muy superior a la obtenida con la simple aplicación de los métodos
convencionales”. A pesar de lo cual la falta de fondos -mal al parecer
estructural en México donde hemos visto prometedoras investigaciones que no ven
nunca la luz por falta de apoyo económico- ha imposibilitado hasta el momento
-así nos lo confesaría Monges- la realización de los caros estudios exigidos
para la obtención del reconocimiento oficial. El doctor Estrada nos aseguraría,
por su parte, que en países como China los factores de transferencia son
ampliamente utilizados para combatir enfermedades virales como las hepatitis B
y C que pueden ocasionar hepatocarcinomas o cirrosis. En ese país el porcentaje
de personas con el virus de la hepatitis que no presentan sintomatología es muy
alto lo que sugiere que su sistema inmune es capaz de detener la acción del
virus. Por eso con la sangre de esas personas se hace un extracto dializable de
glóbulos blancos que se administra a los niños como “vacuna” con el propósito
de que no desarrollen la hepatitis aún cuando se infecten con el virus. También
se utilizan en Cuba, Eslovaquia e Italia con un costo muy por debajo del que
requiere, por ejemplo, el tratamiento con interferón.
Y esa es su tercera ventaja: es fácil de obtener, no tiene
efectos secundarios y su costo de producción es muy bajo en comparación con
otros productos como los interferones y las interleuquinas. Lo que claramente
beneficiaría a los enfermos, especialmente en el Tercer Mundo. “Para el
tratamiento de un linfoma -afirma Estrada- las células B tienen en su
superficie un grupo químico que se llama CD20 y hay un anticuerpo monoclonal
capaz de adherirse a él que permite eliminar las células cancerosas. El problema
es que cada inyección cuesta 1.800 euros y se requieren varias por lo que
muchos pacientes no puedan terminar el tratamiento. Las nuevas terapias puede
por tanto que sean mejores pero cada vez son más caras e inaccesibles. En
cambio, el factor de transferencia es un inmunomodulador al alcance de todo el
mundo, mucho más fácil de preparar y extraordinariamente más barato”.
EL CALOSTRO
La
otra línea de investigación -encabezada por grandes laboratorios especializados
en complementos nutricionales- sostiene que los factores de transferencia es
posible obtenerlos también del calostro de la leche -tanto humana como animal-,
muy rica en proteínas, entre ellas todas las inmunoglobulinas (anticuerpos que
defienden el organismo contra las infecciones). Y es que parece claro que la
memoria inmune le llega al recién nacido a través del calostro, la primera
leche que obtiene del pecho de la madre. Hoy sabemos que durante el último
trimestre de la gestación la glándula mamaria acumula una sustancia llamada
precalostro formada principalmente por exudado de plasma, células,
inmunoglobulinas, lactoferrina, seroalbúmina, sodio, cloro y una pequeña
cantidad de lactosa. Más tarde, en los cuatro primeros días posteriores al
parto, se produce el calostro, un fluido amarillento y espeso de alta densidad
y escaso volumen. Entre 2 y 20 ml por toma, suficiente para satisfacer las
necesidades del recién nacido. Y eso que el calostro tiene menos contenido
energético, lactosa, lípidos, glucosa, urea, vitaminas hidrosolubles, PTH y
nucleótidos que la leche madura. Sin embargo, contiene más proteínas, ácido
siálico, vitaminas liposolubles E, A, K y carotenos. El contenido en minerales
como sodio, zinc, hierro, azufre, selenio, manganeso y potasio también es
superior en el calostro. Pero, sobre todo, el calostro tiene un contenido muy
elevado de inmunoglobulinas, especialmente IgA, lactoferrina, linfocitos y
macrófagos, oligosacáridos, citoquinas y otros agentes defensivos que protegen
a los recién nacidos de los gérmenes ambientales y favorecen la maduración de
su sistema de defensa. Contiene además enzimas intestinales que ayudan en la
digestión (la lactasa y otras enzimas intestinales están inmaduras en el recién
nacido). Sus abundantes inmunoglobulinas cubren el endotelio del tubo digestivo
evitando la adherencia de los patógenos, facilita la colonización del tracto
intestinal por lactobacilos bífidus y contiene antioxidantes que le protegen
del daño oxidativo. De todo ello se deduce la importancia fundamental que tiene
para un recién nacido empezar su vida tomando el calostro de su madre.
Estudios realizados en animales sugieren asimismo que la
lactoferrina -una de las proteínas principales encontradas en el calostro-
puede ayudar a prevenir o reducir los cánceres de colon, vejiga, lengua,
esófago y pulmón así como la formación de metástasis de pulmón. Los mecanismos
subyacentes están bajo estudio pero parecen estar relacionados con la capacidad
de la lactoferrina para mejorar el funcionamiento del sistema inmune. Cabe agregar
que el ácido linoleico conjugado y otras grasas encontradas en el calostro
también han mostrado propiedades anticancerígenas. No es de extrañar pues que
volviendo a los comienzos de la inmunología haya quien haya vuelto la mirada a
las vacas -que hasta la aparición del llamado “mal de las vacas locas” era un
animal preparado para resistir un gran número de microorganismos- a fin de
intentar aprovechar las ventajas de su calostro. De hecho, su aprovechamiento
no es nuevo. En la India, durante miles de años, los médicos ayurvédicos
documentaron los beneficios para la salud del calostro. Y en los países
escandinavos se ha hecho durante centenares de años un delicioso puding de
calostro cubierto de miel para celebrar el nacimiento de terneros. Incluso fue
utilizado en Estados Unidos como antibiótico hasta el descubrimiento de la
penicilina. En suma, numerosas investigaciones han confirmado en los últimos
años la posibilidad de beneficiarse del calostro animal -principalmente de las
vacas- para reforzar el sistema inmune. Y de ahí que haya muchos complementos
nutricionales que hoy lo contienen. Ahora bien, hubo alguien que llegó aún más
lejos y se planteó que ni siquiera la gran cantidad de sustancias del calostro
era suficiente para justificar el salto cualitativo que se da en el sistema
inmune del bebé. Que faltaba saber cómo sin traspasar anticuerpos la madre
transmite la memoria inmune a su hijo. Y de nuevo los factores de transferencia
de Lawrence fueron la respuesta. Con lo que investigadores y laboratorios se
apresuraron a extraer calostro de las vacas, hicieron una intensa filtración
molecular y terminaron encontrando una molécula muy pequeña: el factor de
transferencia. Y se decidieron a comercializarlos como complementos
nutricionales de consumo oral.
PRUEBAS
AMERICANAS Y RUSAS.
Debemos añadir que una de las investigaciones más
interesantes sobre la capacidad de estos productos fue la dirigida por el
doctor Darryl See quien fuera director del Institute of Longevity Medicine de
California y que trabajó en distintas ocasiones para Upjohn, Pfizer, Harvard y
el Departamento de Defensa norteamericano. En la actualidad dirige una clínica
en la que aplica los factores de transferencia a los pacientes de cáncer. El
estudio tenía por fin determinar los efectos anticancerígenos “in vitro” de dos
productos de la empresa 4Life. Y su conclusión no pudo ser mas clara.
“Ambos productos -afirmó- inducen la destrucción de las células
eritroleucémicas K562 a un nivel desconocido en la experiencia del director de
la investigación y en la literatura médica conocida. Dado que la función de las
denominadas células asesinas naturales es crucial para terminar con las células
cancerígenas estos productos son candidatos ideales para formar parte de
una terapia adyuvante en casos de cáncer. Además las células asesinas
naturales forman una primera línea de defensa contra las infecciones de virus
y otros microorganismos”. Darryl See publicaría en febrero de 1999 una
investigación en el Journal of the American Nutraceutical Association en el que
estudiaba la capacidad de 196 productos naturales y no tóxicos para
aumentar la actividad de las células asesinas naturales. Pues bien,
algunos productos aumentaron su actividad en un 48‟6% pero el factor de
transferencia obtenido del calostro lo hizo en un 103%. Además, cuando el
factor de transferencia fue combinado con una serie de agentes tímicos -los
beta-glucanos de fuentes múltiples, Acemanano e IP6- el resultado fue un
incremento sinergístico de la actividad de las células asesinas naturales del
248%. Esta combinación de factor de transferencia calostral, factores
tímicos y extractos de polisacáridos biológicamente activos es el producto más
activo probado hasta la fecha. En una tercera etapa Darryl See realizó un
estudio “in vivo” para lo que seleccionó veinte pacientes -12 hombres y 8
mujeres- que padecían cánceres en fases III y IV. Su media de edad era de 49,3
años y todos ellos habían sido enviados por sus oncólogos a morir a casa. La
esperanza media de vida que tenían era de 3‟7 meses. Pues bien, el protocolo
consistió en dar a cada paciente 9 cápsulas diarias de factores de
transferencia. Y ocho meses después ¡16 de ellos aún vivían! Unos habían
mejorado, otros estaban estabilizados y en algunos el cáncer ¡estaba
remitiendo! Se constató también que el número de células asesinas naturales
había aumentado -de media- ¡en un 400%!.
En la misma
línea de intentar confirmar la capacidad de los factores de transferencia comercializados
por 4Life los doctores Calvin McCausland y Emma Oganova diseñaron un
estudio para probar su influencia en la actividad de las células asesinas
naturales. También el doctor Anatoli Vorobiev -de la Academia Rusa de
Ciencias Médicas- dirigió un equipo en pruebas independientes. Pues bien,
utilizando pruebas de citotoxicidad a doble ciego se combinaron células
cancerígenas con células asesinas naturales de humanos y se dividieron entre
grupos de células asesinas naturales activadas con factores de transferencia y
grupos de células asesinas naturales no activadas. Los resultados demostraron
concluyentemente la capacidad de los factores de transferencia para
reforzar la actividad de las células asesinas naturales en un 283% e, incluso,
en el caso del producto más avanzado en un extraordinario 437%, por encima de
toda respuesta inmunitaria normal (respuesta establecida como línea de
base de este estudio). Además los resultados de este experimento científico
demostraron que las células asesinas naturales activadas con factores de
transferencia mataban el 99% de las células cancerígenas lo que superaba la
capacidad de defensa natural del cuerpo. Los científicos rusos, ante resultados
tan excepcionales, solicitaron de inmediato mayor información sobre las
muestras aportadas. “La muestra de 4Life (compuesto Transfer Factor E-XF)
potenció la actividad de las células asesinas naturales más que el fármaco
Interleucina-2 (IL2) utilizado de manera estándar. Aquí denominamos ahora a su
muestra „la interleucina de oro‟”, transmitiría el doctor Kisielevsky -miembro
de la Academia Rusa de Ciencias Médicas- al laboratorio. De hecho, los
resultados han sido tan extraordinarios que en diciembre pasado -según asevera
la empresa 4Life- el Ministerio de Salud ruso aprobó el uso de sus factores
de transferencia como moduladores inmunitarios en hospitales y clínicas de
la federación. Los resultados de los diez ensayos clínicos y dos estudios
experimentales efectuados sobre estos productos quedaron plasmados en el
documento metodológico aprobado por el ministerio que permite a los doctores
utilizarlos en su práctica clínica. Evidentemente queda mucho por avanzar en el
campo de la Inmunoterapia y de los factores de transferencia -genéricos
o específicos- pero se obtengan de la sangre o del calostro están
demostrando ser unas prometedoras herramientas terapéuticas -más que
contrastadas después de 30 años de experiencia- en multitud de patologías,
entre ellas el cáncer. Aunque hasta ahora se hayan venido utilizando
básicamente como compensadores del destrozo causado por la quimioterapia.
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